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viernes, 11 de julio de 2008

Habermas y Derrida

Giovanna Borradori es profesora en Filosofía, nació en Italia pero vivió durante varios años en Estados Unidos. Es especialista en filosofía continental y en la filosofía del terrorismo. Después del ataque del 11 de septiembre, Borradori se convirtió en una voz fuerte en el estudio del terrorismo desde el punto de vista filosófico, a raíz de lo cual publicó su último libro: “La filosofía en una época de terror”.

El conflicto iraquí y el inicio de las hostilidades en marzo de 2003 desataron un debate en torno al papel que le corresponde a Europa como actor internacional. El libro de Giovanna Borradori reúne dos de los discursos de quienes, a finales de la primavera del 2003, divulgaron un artículo en el “Frankfurter Allgemeine” y “Liberation”, titulado “Europa: en defensa de una política exterior común”, defendiendo la tesis de que Europa se ofrece como un sistema de 'gobierno más allá del Estado nacional' que podría servir de modelo en una constelación posnacional.

Borradori propone, en “La filosofía en una época de terror”, una discusión en torno al alcance del 11 de Septiembre –de su problemática conceptual y de sus repercusiones no sólo en el ámbito abstracto de la filosofía política, sino también en lo real de las relaciones internacionales– a través de entrevistas a dos de las mayores figuras dentro del panorama filosófico europeo: Jürgen Habermas y Jacques Derrida.

Tanto Habermas como Derrida plantean que la identidad europea florecerá. Ambos plantean una posición de balance y no de resistencia frente a la posición de Estados Unidos y su hegemonía. "Reconstruir el terrorismo" corresponde al ensayo de Habermas, mientras que el de Derrida se titula "Deconstruir el terrorismo". En esta última entrevista, es primordial el proceso de carácter biológico aplicable a los efectos del 11-S en el orden internacional.

miércoles, 9 de julio de 2008

Susan Sontag: una intelectual en contra de la guerra

Disidente de su gobierno y dura crítica de la invasión a Irak y de los proyectos imperiales de posguerra, que le parecen francamente "idiotas". Entre los intelectuales críticos de la guerra de Irak, encontramos a Susan Sontag, una ensayista y escritora neoyorquina que murió en el 2004 -a los 72 años- pero cuyas palabras quedaron en la memoria de muchos por su influencia y sus argumentos en contra de la guerra. “(…) estamos en guerra. Una guerra sin fin. Y la guerra es el infierno”, dijo la escritora que un año antes de morir recibió el premio de literatura de la Fundación Príncipe de Asturias por parte de la corona española.

Luego de los atentados del 11 de septiembre, mientras los Estados Unidos se impregnaban del odio más irracional, el llamado de Sontag a reflexionar sobre los errores propios, le valieron la acusación de “traidora” y no faltó quién planteara que se le prohibiera expresar sus opiniones en medios públicos.

Lo que Susan Sontag señalaba era que la reacción que tuvieron políticos y el periodismo en general, según la escritora "poco hicieron para comprender los acontecimientos que llevaron a los atentados en la Torres Gemelas". Cuando se produjeron los atentados, Sontag no se encontraba en New York, sino en Berlín. Unos días después escribió un artículo publicado parcialmente en The New Yorker que desató la irritación de gran número de norteamericanos.

"Los medios de comunicación llevan una detallada estadística de los norteamericanos muertos en Irak, pero no así la de los iraquíes muertos a pesar que según algunas fuentes este último número centuplica el primero".
Sólo cabe esperar que los gobiernos de Bush, de Blair hayan entendido en verdad que sería inútil o, como dicen, contraproducente (así como perverso) bombardear a los oprimidos pueblos de Afganistán e Irak u otros lugares como represalia por las injusticias de sus tiranos o de sus reinantes lunáticos religiosos”.

Página oficial de S.Sontag: http://www.susansontag.com/

La guerra en la campaña

La Guerra de Irak se convirtió en un tópico dominante en la campaña presidencial de los Estados Unidos. El que resulte elegido como el próximo presidente norteamericano será el primero en tomar la posta de un país durante una guerra, desde Richard Nixon en 1969. Las posiciones de los candidatos son diferentes. El demócrata Barack Obama y el republicano John McCain demostraron sus opiniones durante la campaña.

Barack Obama:

Era senador por el estado de Illinois en 2002 cuando el Congreso votó para darle el poder al presidente Bush para que tomara acciones militares contra Irak. En aquel momento, el candidato expresó: “No me opongo a todas la guerras, me opongo a las guerras tontas”. “Una ocupación de los Estados Unidos por tiempo y costos indeterminados va a tener consecuencia indeterminadas”, agregó Obama.

En 2007, el presidente George Bush presentó un plan para aumentar las tropas en Irak. Obama, como miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, se negó a aquel plan y criticó la posición de Bush de no retirar las tropas para marzo de 2008. En 2007, Barack Obama propuso retirar todas las tropas norteamericanas en Irak para fines de 2008. Llamó a un “nuevo acercamiento” para llegar a una reconciliación entre sunitas, chiitas y kurdos en Irak. También planteó hacer esfuerzos diplomáticos para que las Naciones Unidas, junto con los países vecinos de Irak, para estabilizar el país y que se haga llegar más ayuda humanitaria.

John McCain:

El senador McCain votó en 2002 para darle la autoridad al presidente Bush para usar las fuerzas militares contra Irak. En aquel momento llamo a Irak una “amenaza clara” e urgió al Congreso que apoyara al presidente para tomar acción frente a la figura de Saddam Hussein. Desde que Estados Unidos llevó a cabo la invasión a Irak en 2003, McCain comenzó con las críticas hacia la conducción de la guerra de Bush. Y en 2004 fue de los primeros que declaró su no confianza hacia el entonces Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

A pesar de ser crítico en el manejo de la guerra de Bush, McCain fue uno de los que apoyó el aumento de tropas, en 2007, para combatir la violencia en Irak y llevar la independencia a los iraquíes. Acera de la retirada, John McCain se opuso a los intentos del Congreso de fijar una fecha estimada para la salida de las tropas norteamericanas de Irak. Expresó: “Es importante crear una armada y policía iraquí para que tomen el control de la seguridad el país.

martes, 8 de julio de 2008

Tom Wolfe

El escritor estadounidense, que inauguró la corriente de no ficción llamada Nuevo Periodismo junto a Truman Capote, es un fan confeso del actual presidente de los Estados Unidos, George Bush.

Las últimas declaraciones de Wolfe en una entrevista en el diario New York Times causaron tanto revuelo entre sus colegas, que el escritor termino declarando, con cierta ironía, que hacer público su apoyo a Bush parecía (por las reacciones de sus colegas) ser similar a ser un abusador de niños.

Las elecciones que enfrentaron a Bush y John Kerry no dejaron al escritor la brillante obra “La hoguera de las vanidades”, sin palabras. “Yo creo que apoyar a Bush tiene que ver con no querer plegarse a las pretensiones de la costa este. Tiene que ver con no querer ser dirigidos por personas que están permanentemente empeñadas en imponernos su perverso sentido de la moralidad, que es el de la ausencia de moralidad”. Sobre Kerry opinó que ser trataba de un oponente sin convicciones, incapaz de poner en marcha un plan radical.

Ya a pocos meses de empezada la guerra, el futuro de Irak y de los norteamericanos se iba consolidando. Wolfe parecía haberse quedado solo en la defensa de George Bush.

La inviabilidad de la guerra

“A veces hay problemas que deben resolverse demostrando que no tienen solución”- Umberto Eco

“Cinco escritos morales”, de Umberto Eco, es una obra que compila escritos del italiano que hacen referencia a un análisis detallado de circunstancias histórico-sociales que incluyen los grandes problemas de la actualidad.

El artículo “Pensar en la guerra”, publicado en la Revista dei Libri en abril de 1991, plantea la imposibilidad de la guerra. “No se puede hacer la guerra porque la existencia de una sociedad de la información instantánea y del transporte rápido, unida a la naturaleza de la nueva tecnología bélica ha hecho de la guerra algo imposible e irrazonable. La guerra está en contradicción con las mismas razones por las que se hace”. Las condiciones que hacen a la imposibilidad de la guerra son: las armas nucleares, los frentes, las nuevas tecnologías y el poder. “Las armas nucleares nos han convencido a todos de que un conflicto atómico no tendría vencedores, sino un único perdedor: el planeta. (…) Quien lanza la atómica declara la guerra a la tierra en su conjunto”.

Acá también se plantea la idea de las guerras asimétricas, argumentando que la guerra ya no se produce entre dos frentes separados. “El escándalo de los periodistas norteamericanos en Bagdad es igual al escándalo, de dimensiones mucho mayores, de millones y millones de musulmanes filoiraquíes que viven en los países de la alianza antiiraquí”. Y continúa: “Cuando el gobierno norteamericano considera que las compañías de televisión hacen el juego al enemigo, aún cree que se encuentra ante un complot de los intelectualoides filocomunistas”.

“Incluso si se amordazara a los medios de comunicación, las nuevas tecnologías de la comunicación permitirían flujos de información imposibles de atajar”. La información que ahora circula por un medio tan masivo como Internet neutraliza cualquier acción de sorpresa, y según Eco: “no es posible una guerra en la que no se pueda sorprender al adversario”.

El literario italiano también hace referencia a los poderes, y explica que la guerra ya no enfrenta a dos patrias, sino que pone en competencia infinitos poderes. Allí incluyen, además de los poderes de cada patria a nivel político, a los términos económicos en los que también se juega el conflicto.

Y Eco no olvida el rol que cumplen los intelectuales en las guerras. “Es deber intelectual proclamar la imposibilidad de la guerra”. En cuanto a la expresión de las ideas por parte de los intelectuales, explica que lo que algunos interpretaron como el silencio de los intelectuales sobre la guerra en verdad se trataba del temor a hablar de ella en los medios de comunicación. Porque “los medios de comunicación forman parte de la guerra y de sus instrumentos, y por lo tanto es peligrosos considerarlos territorio neutral”.